lunes, 28 de diciembre de 2009

Bitácora del Pico

Fué un excelente día para visitar el Volcán. Siempre majestuoso, esta vez pude apreciarlo en toda su magnitud. El viento del sur limpió el cielo dejando al descubierto la blancura de sus nieves. Sin embargo, estos vientos sureños tornaron peligroso el ascenso. La arenilla volaba chocando contra nuestra cara y los lentes oscuros cumplían doble propósito al protegernos de los pequeños misiles y de los ardientes rayos solares. Como siempre, la ausencia de oxígeno hizo que mi corazón latiera más fuerte y rápido de lo normal. Pero el espectáculo de ver los valles y montañas desde cinco kilómetros de altura bien lo compensó. El silencio del Volcán siempre será un aliciente para quienes vivimos inmersos en el ruido mundanal de la TV y sus 400 canales, el Internet, las plazas comerciales y los continuos debates laborales.
La gripe que llevé no empeoró. Mi condición física estuvo a la altura -realmente no se cómo - y las fotos que traje quedan estupendas para la colección privada.
Valió la pena.


-- Desde el móvil

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